Su evolución marca el ritmo global y ofrece aprendizajes clave para países como España
Tendencias de la filantropía anglosajona que marcan el futuro global
En el mundo anglosajón, la filantropía no solo forma parte de la cultura empresarial y de la sociedad, sino que actúa como motor de transformación social.
Su evolución marca el ritmo global y ofrece aprendizajes clave para países como España.
Comprender hacia dónde se dirige la filantropía internacional es esencial para cualquier directivo comprometido con un liderazgo con propósito.
Menos donantes, pero más comprometidos
El informe UK Giving Report 2024, elaborado por Charities Aid Foundation (CAF), muestra una caída sostenida en el porcentaje de británicos que realizan donaciones: del 58% en 2019 al 50% en 2024. Sin embargo, el dato más revelador es que el volumen total de las donaciones ha aumentado: 15.400 millones de libras recaudadas en 2024. ¿La clave? Menos personas donan, pero donan más y con mayor conciencia del impacto.
Pero la filantropía de vanguardia no solo se mide en euros o libras. Se mide en visión, en estrategia y en el tipo de mundo que queremos construir. Para los líderes empresariales, involucrarse en filantropía global no es solo una opción moral, es una decisión inteligente.
Por eso este informe pone sobre la mesa la figura del donante estratégico: perfiles con capacidad de análisis, que exigen transparencia y apuestan por causas con impacto medible, a menudo más allá de sus fronteras.
La filantropía sin fronteras gana protagonismo
La nueva filantropía se mueve en una lógica global. Las grandes causas sociales, educativas, científicas o medioambientales no se limitan al ámbito local. La crisis climática, la desigualdad en el acceso a la salud o la educación y la inversión en innovación para resolver desafíos globales requieren filantropía sin fronteras.
Esta tendencia impulsa a muchos donantes a colaborar con organizaciones internacionales, financiar proyectos de investigación médica, apoyar iniciativas educativas en países en desarrollo o respaldar soluciones tecnológicas con impacto en todo el planeta. Para los líderes empresariales, esto representa una oportunidad: conectar la estrategia de sostenibilidad corporativa con iniciativas filantrópicas globales.
Tecnología al servicio del compromiso social
Otra transformación clave es la integración de la tecnología en los hábitos de donación. El auge de los pagos digitales, las plataformas de crowdfunding y el uso de inteligencia artificial en filantropía están redefiniendo cómo y a quién se dona. Los sistemas digitales permiten segmentar, personalizar mensajes y medir impacto con precisión, algo imprescindible cuando se apoyan causas internacionales de gran escala.
Para las empresas, esto supone una ventaja competitiva: se puede alinear el propósito corporativo con causas globales y demostrar resultados tangibles a empleados, inversores y clientes.
Transparencia y resultados, condición para donar
Los nuevos donantes —particularmente los más jóvenes o los grandes donantes institucionales— exigen rendición de cuentas y métricas de impacto. Apoyar una causa ya no es suficiente: hay que saber qué se consigue, cómo se logra y a quién beneficia. La filantropía global, además, añade una capa de complejidad, que exige rigor, colaboración y una mirada estratégica.
Para las organizaciones que aspiran a captar fondos —ya sean ONG, universidades o centros de investigación— esto implica profesionalización y estructuras de gobierno más sólidas. Y para quienes donan, implica involucrarse más allá del dinero.
Las alianzas colaborativas, clave del cambio
Una de las tendencias más interesantes en el ecosistema anglosajón es la filantropía colaborativa: fondos compartidos entre empresas, fundaciones y particulares para abordar problemas complejos como el cambio climático, las pandemias o la pobreza infantil.
Estos fondos, muchas veces de alcance global, permiten sumar recursos, conocimientos y redes de influencia, generando soluciones más robustas. Esta práctica, todavía incipiente en España, representa una gran oportunidad para el tejido empresarial: actuar en red, con visión internacional y foco en el impacto.
Qué puede aprender España del modelo anglosajón
El ecosistema filantrópico británico y estadounidense ha demostrado una gran capacidad de adaptación, visión estratégica y ambición global. España, con un creciente interés en la inversión social corporativa, puede incorporar buenas prácticas que ya están marcando la diferencia en otras geografías.
Filantropía con impacto
La filantropía del siglo XXI no se limita a hacer el bien: se enfoca en generar cambios medibles y sostenibles. En el mundo anglosajón, los donantes —particulares y empresas— valoran cada vez más el retorno social de su inversión. España puede avanzar hacia una cultura donde donar no sea solo un gesto emocional, sino una apuesta estratégica por transformar una realidad concreta. Para ello, es clave definir indicadores, medir resultados y comunicar los logros de forma clara.
Donar globalmente
Los grandes retos del presente —como el cambio climático, las pandemias, o el acceso desigual a la tecnología y la educación— requieren respuestas transnacionales. La filantropía anglosajona ya ha dado ese paso: apoyar proyectos en África, Asia o América Latina no es algo excepcional, sino habitual. En España, este salto hacia la filantropía global aún está en fase inicial. Las empresas y fundaciones pueden liderar ese cambio, conectando su responsabilidad social con causas internacionales de alto impacto.
Tecnología y datos
En el Reino Unido y Estados Unidos, muchas organizaciones del tercer sector utilizan herramientas digitales para captar fondos, analizar comportamiento donante y optimizar sus campañas. La inteligencia artificial y el análisis de datos ya se aplican para predecir tendencias, segmentar audiencias y personalizar mensajes. España tiene una oportunidad clara para digitalizar la filantropía, modernizando tanto la forma de donar como la de rendir cuentas a quienes apoyan las causas.
Colaboración entre sectores
En el entorno anglosajón, la filantropía colaborativa ha roto barreras tradicionales entre el mundo empresarial, académico, institucional y social. Grandes fondos para innovación educativa, investigación médica o transición energética nacen de alianzas entre actores diversos que comparten una visión común. En España, replicar estos modelos requerirá una mayor apertura entre sectores, una cultura más proactiva de cooperación y una visión a largo plazo. Pero los beneficios —en escala, eficacia e innovación— son innegables.

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